El corazón de la banca
Jubilados y trabajadores de La Caixa, junto a familiares y amigos, crean una asociación de voluntarios para trabajar en favor de proyectos sociales
05.08.07 -
TEXTO: GEMA MARTÍNEZ / FOTOS:
«DURANTE nuestra jornada laboral, como buenos 'cuellos duros', damos la sensación de personas excesivamente serias, expertas en bolsa, conocedoras de la economía, educados en las tecnologías y el asesoramiento de nuestra cartera de clientes». La descripción la hace Felipe Polonio, jubilado por enfermedad después de 30 años como director de diferentes oficinas de La Caixa.Felipe Polonio no lleva en esta ocasión camisa, ni corbata, ni 'cuello duro'. En su lugar luce un llamativo polo naranja, con la estrella que identifica la entidad en la que ha trabajado durante 30 años. En la espalda, bien visible, puede leerse: Voluntario de 'La Caixa'. El trabajo que ahora desempeña no se maneja en cifras; ni el salario aparece reflejado en la nómina de fin de mes, porque Polonio, como otros 70 voluntarios -jubilados, trabajadores, familiares y amigos de la entidad-, ha pasado a formar parte, y muy activa, de una plantilla solidaria que ofrece cariño, tiempo y compañía; que cobra en sonrisas, agradecimiento e ilusión, y que se llama Volcaima (Asociación de Voluntarios de la Caixa en Málaga), de la que es vicepresidente.Hace un par de años, Alex Mata, coordinador de la Plataforma del Voluntariado, se presentaba en el Palacio de Congresos con una nariz de payaso. Respondía así a la llamada hecha por la Obra Social de La Caixa, que le pedía que explicará a los trabajadores que habían acudido a la cita las bondades del trabajo voluntario. Las charlas de sensibilización, en las que también participaron miembros de Cruz Roja y de Málaga Acoge, se enmarcaban en una iniciativa desarrollada en todo el país para constituir asociaciones de voluntarios a nivel provincial. En estos momentos hay 44 asociaciones de La Caixa en toda España, con 1.700 voluntarios.La idea«La idea surge de la fundación, que habla con los empleados para ver si hay ganas de trabajar a nivel social después de la jornada laboral». Silvia Pérez tiene 31 años, trabaja en la oficina de Los Prados y ha asumido la presidencia de Volcaima, aunque reconoce que son los miembros ya jubilados los que les dedican más horas, especialmente a todo lo referido al papeleo.«Desde los servicios centrales se vio que no había ninguna iniciativa de este tipo. La Caixa tiene 25.000 trabajadores, lo que significa un potencial humano impresionante. Se puede aportar un grano de arena y no sólo revirtiendo los beneficios económicos, como marca la ley». Juan Carlos Barroso, 32 años y gestor social de la Fundación, es quizá quien más aporta la voz de los responsables de la Obra Social, y una de las personas que organizó los encuentros de sensibilización. «Yo empecé más en el plano profesional, pero con el tiempo me captaron y ahora soy uno más»Aunque es cierto que la asociación aprovecha las herramientas y el paraguas que ofrece la entidad financiera, que también presta una tutela económica, sus socios mantienen que son independientes en el sentido de que son ellos los que deciden siempre qué hacer y cómo hacerlo. «Nosotros elaboramos los proyectos y se los presentamos a La Caixa. Si lo considera oportuno los financia», explica Silvia que añade que la asociación pueden contar también con otros colaboradores y que de hecho ella misma ha pedido determinadas ayudas a clientes de su oficina que sabía podían echar una mano en asuntos concretos.Lluvia de ideasLa junta directiva se reúnen una vez a la semana y lleva a cabo lo que Agustín Rivera, prejubilado de 63 años y 43 como director de oficinas de la entidad, denomina 'lluvia de ideas', un término que recuerda las reuniones de los ejecutivos publicitarios. «Si la asociación no llega a crearse, habría que inventarla, porque se pueden hacer muchísimas cosas, desde prestar asesoramiento financiero de forma voluntaria a otras asociaciones, hasta trabajar con menores, ancianos o discapacitados». De esos encuentros, y del asesoramiento que les sigue prestando la Plataforma del Voluntariado con el objetivo de que lleguen allí donde otros no llegan y no se solapen programas, han salido actividades como la que se ha realizado recientemente con los mayores del Centro de Día Municipal. Ellos nos dijeron: «Nos gustaría pisar la arena de la playa y comer unos espetitos mientras escuchamos los cantes de nuestra tierra», relata Felipe Polonio. Ese era su deseo, y los voluntarias colaboraron en su consecución, que se materializó el pasado 27 de julio, con una jornada en Rincón de la Victoria. Visita de niñosPróximamente y también organizado por Volcaima 70 niños del hogar San José de la Montaña de Barcelona harán realidad otro sueño: pasar unas vacaciones en Málaga y visitar su feria. Además ya han decidido desarrollar diferentes campañas, como una de reforestación en la que participen diferentes colegios, otra para recoger regalos de cara a las Navidades y una tercera tendente a llevar medicinas, libros y ropa a niños marroquíes de la zona de Erfoud, en el desierto del Sáhara».Junto a iniciativas propias, los voluntarios también acuden a echar una mano a otras asociaciones, si lo precisan y participan en actividades impulsadas por la entidad financiera, como ocurrió el 27 de junio cuando, con motivo de la visita del velero Ibero, que desarrolla un trabajo de concienciación medioambiental, los voluntarios se encargaron de que un grupo de chavales discapacitados pudieran participar en la suelta de tortugas.«Con la asociación nos hemos metido en el carro de las sensaciones. Ver la cara de los niños en la suelta de tortuga o la de los ancianos en la playa, pisando la arena, no tiene precio», afirma Felipe Polonio, que, como el resto, mantiene que el voluntariado les permite dar salida a esa faceta más humana: «Tenemos el estereotipo de gente seria, respetuosa y en ocasiones fría. En cambio, para estar en la asociación se necesita tener imaginación».«En Volcaima están asociados algunos de los grandes jefes. Uno de ellos en concreto lleva tiempo colaborando como voluntario en oncología de mayores», hace notar Rivera, que aclara no obstante que una vez se ponen el polo naranja ya no hay rangos y jerarquías: «Aquí todos estamos al mismo nivel. Los cargos desaparecen».Para Silvia Pérez, que ha decidido no vestir la camiseta naranja hasta que no elijan un modelo algo más atractivo, Volcaima les permite además un espacio que les proporciona relajación y desconexión. Como muchos de los actuales voluntarios, ella ya había realizado previamente algún tipo de trabajo social, pero la iniciativa de La Caixa, le resultó muy llamativa: «trabajamos en las oficinas para conseguir objetivos y beneficios que reviertan en la provincia. Con la asociación vi además una oportunidad de hacer otra cosa que me gustaba con la facilidad de medios que nos proporcionaba la entidad y además desarrollo mi lado humano con mis compañeros. Tenemos ideas semejantes que podemos poner en marcha».«El trabajo de la banca es frío, aunque lo adornemos, al final hay que cobrar al céntimo. No es que no llene, pero necesitas algo más para sentirte pleno», afirma Polonio.Además de financiar proyectos, la Obra Social ofrece a los voluntarios formación en diferentes campos. Así ya se han ofrecido cursos de voluntariado en el entorno hospitalario y otro de gestión de proyectos sociales. «Lo más difícil lo tenemos, porque arriba hay alguien que te ayuda a realizar tus sueños», dice Silvia.Romper estereotipos«También se rompen estereotipos, porque se demuestra que no por trabajar en la banca eres menos solidario», añade Barroso, que deja claro dos aspectos que pueden llevar a confusión. El primero es que Volcaima no da dinero. A la asociación se le puede pedir ayuda en recursos humanos, pero el hecho de llevar 'la estrella' (logotipo de La Caixa) en sus camisetas no significa que tengan disponibilidad económica para sufragar proyectos o dar subvenciones. «Hay quien piensa: estos son de La Caixa, así que dan dinero. Si piden voluntarios, bien, si piden dinero, no tenemos».El otro punto a aclarar es que Volcaima no es un club de socios que se reúnen para cenar, comer o pasear: «La idea es trabajar sobre las necesidades acuciantes de los demás. Esto no es un club de socios, sino un trabajo que beneficia a terceros. La paga del voluntario es lo bien que se siente», concluye Barroso.MÁS INFORMACIÓN I Volcaima. http://volcaima.blogspot.com